En el torneo de Linares de 1989 logró el primer puesto, por delante del Kárpov, pero su consagración como grandísimo ajedrecista la tendría en 1991 en ese mismo torneo al ganarlo por delante de Kaspárov y Kárpov. Fue el primer torneo de la historia que alcanzó la categoría 17, lo que le convertía en el torneo más fuerte de la historia, y con 14 jugadores. Todos los jugadores tenían por encima de los 2600 puntos ELO, y una media de 2658 puntos ELO. Este a sido, seguramente, el mayor éxito deportivo de Ivánchuk. Se casó con Alisa Galliámova, novena en el ránking femenino en aquel momento. Nada más casarse, venció con facilidad a Leonid Yudasin (4,5-0,5) en la primera eliminatoria del Torneo de Candidatos. Pero poco después llegó su mayor disgusto que fue en Bruselas, durante el mes de julio de 1991: a Ivánchuk le bastaba un empate en la octava partida para eliminar a Artur Yusúpov en cuartos de final. Llegado a un punto culminante el ucraniano pensó durante una larga hora y creyó encontrar una variante forzada de tablas, pero sus análisis contenían errores que fueron perfectamente aprovechados por Yusúpov para conseguir forzar el desempate que consistía en dos partidas rápidas. El ruso ganó la primera y propuso tablas en la segunda, cuando su rival rozaba la derrota por tiempo. Esto fue un golpe muy duro para Ivanchuk, quien tardó una larga temporada en recuperarse. Desde entonces el nivel de Ivánchuk no ha descendido pero sus resultados deportivos han sido irregulares. En el año 2000 tuvo la oportunidad de proclamarse campeón del mundo al jugar la final con Ruslan Ponomáriov, pero, una vez más, sus nervios no se lo permitieron.
Ivánchuk es un extraordinario jugador que une a su profunda concepción estratégica una visión táctica maravillosa, pero su peor enemigo es él mismo. Ya lo dijo en su día Kárpov: «Será campeón del mundo si sus nervios se lo permiten». Incapaz de controlar sus nervios en los momentos de tensión ha protagonizado un sin número de divertidas anécdotas. En una ocasión comenzó a golpearse violentamente la cabeza contra una pared tras haber cometido un error. En Linares, mientras paseaba por el escenario, se acercó a la mesa del árbitro y pulsó el timbre con el que daban comienzo las partidas, dando un susto a todos los presentes. En Sevilla, mientras paseaba, llegó a desmayarse porque un perro le ladró tras unas rejas. En la ceremonia de clausura de Linares 1989 se puso a cantar a voz en grito. Las anécdotas no tienen fin, pero su carácter amable y el que todos saben que no lo hace a mala fe, le ha librado de más de una sanción.
Entre sus mayores éxitos se encuentran: En 1987 fue campeón de Europa juvenil. En 1990 ganó la medalla de oro con el equipo de la URSS en la Olimpiada de ajedrez. Torneos ganados, entre otros: Tallin (1986), Lvov (1987), Debrecen (1988), Nueva York (1988), Linares (1989, 1991 y 1995), Yerevan (1989), Tilburg (1990), Reikiavik (1991), Horgen (1995), Wijk aan Zee (1996) y Belgrado (1997). En el interzonal de Manila de 1990, ganó cinco partidas seguidas y terminó en el primer puesto en compañía de Boris Gélfand, clasificándose para los encuentros de los Candidatos. Llegó a ser el número dos mundial en 1991.
Todo esto harían de él un personaje simpático si tales nervios no afectasen a su juego, pero en los finales de partida, cuando la tensión es máxima y el tiempo apura comete errores incomprensibles. Aunque consigue dominarse su juego se hace incontenible.
La final por el campeonato del mundo la jugó contra Ponomáriov, entre el 16 y el 22 de enero del 2002. Aunque a priori casi todos los medios especializados situaban a Ivánchuk como favorito, apuntaban que si Ponomáriov conseguía una ventaja inicial conseguiría romper los nervios de su adversario y ganar el campeonato, como luego ocurrió. Y es que si en algo se diferenciaban los dos finalistas, es en la templanza de su juego.
El sistema de partidas
rápidas que se utiliza en el campeonato y del que Ponomáriov
es un gran defensor, le acabó beneficiando por su propio estilo
de juego. En cuanto al juego fue mucho más creativo Ivánchuk,
que trató de alejarse de los planteamientos de juego más
convencionales, creyendo que esa sería la debilidad de su adversario.
Sin embargo, éste puso en práctica un juego más defensivo
a la espera de un error en su contrincante.
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| Ponomáriov |
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| Ivánchuk,V |
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