Lasker ya se había retirado del ajedrez en
1925, pero las penurias económicas a las que le había abocado al tremenda
inflación de Alemania en los años 20 y 30, y la barbarie nazi, que le habían
confiscado todos sus bienes por su condición de judío, le obligaron a volver
a jugar. Cuando jugó este torneo sesenta y seis años y obtuvo el tercer
puesto, tras Botvínnik y Flohr, y por delante de Capablanca que fue
cuarto.