Se podría definir a la Escuela Romántica
como aquella que tiende a buscar la belleza en ajedrez a través de
fantásticas combinaciones, lo que se plasma en sus ideas sobre el ajedrez y
en su práctica. Se desarrolla plenamente entre 1830 y 1880 y durante esa
época no se concibe otro tipo de partida que no fuese el juego abierto, con
continuos ataques y contraataques en la que la jugada más espectacular era el
culmen de la partida. El final sólo era considerado como parte de la partida
si no se había ganado antes por medio de una combinación espectacular.
Curiosamente la Escuela Romántica se
desarrolla tras los importantes aportes teóricos de Philidor, totalmente
antirrománticos, pero a mediados del siglo XIX el romanticismo, y el culto al
genio, era una actitud de vida que impregnaba toda la sociedad. No se trataba
de una involución, sino de una recuperación de los clásicos.
El encuentro entre La Bourdonnais y Mac
Donnell asienta definitivamente esta tendencia, aunque sus más notables
representantes serán Anderssen, Blackburne, Kieseritzky, Marshall, Harrwitz,
Zúkertort, Staunton, Saint-Amant, etc.