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Siegbert Tarrasch (1862-1934)

Pequeña biografía

    El doctor Siegbert Tarrasch nació en Breslau en 1862 y falleció en Núremberg en 1934, donde vivió casi toda su vida. Estudió medicina, fue un destacado cirujano y hablaba no sé cuantos idiomas, aunque estos extremos no están del todo documentados. Consideró el ajedrez una actividad subsidiaria de su vida, por lo que asombra aún más sus aportaciones.

    A los 21 años ganó el título de maestro alemán en el torneo de Hamburgo de 1885, en el que alcanzó en segundo puesto. Sus triunfos en diferentes torneos le colocaron entre los dos o tres mejores jugadores del mundo: Núremberg 1888, Breslau 1889, Manchester 1890, Dresde 1892 y Leipzig 1894. En 1893 empató un encuentro con Chigorín a nueve ganadas, nueve perdidas y cuatro tablas. En el torneo de Hastings de 1895 quedó cuarto detrás de Pillsbury, Chigorín y Lasker. En 1898 volvió a ganar venciendo en el desempate a Pillsbury, y en 1903 ganó en Montecarlo por delante de Pillsbury y Schlechter. Llegó a ganar más torneos que ningún otro ajedrecista de su tiempo, incluido Lasker.

    Tarrasch tenía tendencia a mostrarse soberbio. Rechazó el desafío de Lasker en 1892, por considerar que aún no tenía un palmarés suficiente como para enfrentarse a él. Lasker le pagó con la misma moneda, ya que tras ganar el título mundial a Steinitz en 1894 no mostró ningún interés por jugar con él, a pesar de la insistencia de este, que mostraba en las diversas columnas periodísticas que tenía. Tras ganar el torneo de Montecarlo de 1903 afirmó: «No tengo porqué suponer que haya en el mundo mejor jugador de que yo». El encuentro con Lasker se pospuso hasta 1908, y se jugó en las ciudades de Düsseldorf y Múnich. Las negociaciones para concertar el encuentro fueron tensas. Es célebre la tumultuosa entrevista entre Lasker y Tarrasch en la que este el dijo: «Sólo tengo dos palabras para usted: jaque y mate». El encuentro fue desastroso para Tarrasch, que perdió por 10,5 a 5,5. Entre tanto Tarrasch había ganado el torneo de Ostende de 1907, por lo que no se puede pensar que su derrota ante Lasker se debiera a su decadencia como jugador.

    A partir de esta fecha Tarrasch fue perdiendo interés por la competición, aunque obtuvo aún éxitos señalados. Entonces se dedicó a su labor divulgadora, y escribió «Die moderne Schachpartie», en el que aprendieron a jugar varias generaciones de ajedrecistas. Sus artículos periodísticos marcaron una época en la literatura del ajedrez. Sus ácidas controversia con Nimzowitsch, al que llegó a calificar de ignorante, levantaron pasiones.

    Su actitud pedante, de impecables maneras, vestir exquisito, culto y despectivo no le hicieron ganar muchos amigos, pero sí el respeto de todos, por su honestidad.

    Incapaz de asumir una derrota fueron célebres sus excusas. Ante su derrota contra Lasker (que consideraba inapelable) afirmó que le perjudicó en aire marino. Véase lo lejos que están del mar Düsseldorf y Múnich, mientras que Ostende, donde había triunfado el año anterior sí que es puerto de mar.

    Tarrasch era, también, un melómano apasionado. «El ajedrez, como la música tienen la propiedad de hacer felices a las personas». Debido a su condición de judío hubo de vivir sus últimos años escondido de los asesinos nazis.

    Tarrasch ha pasado a la historia del ajedrez con la etiqueta de dogmático, no en vano llegó a afirmas que los caballos en b3 o b6 estaban siempre mal colocados, y que las posiciones restringidas eran siempre malas. Sin embargo, el calificativo de dogmático tiene un tono peyorativo, de aceptación de unos principios sin crítica y universalmente, y eso es precisamente lo que no era Tarrasch. Siempre sometió a crítica sus ideas, aunque una vez convencido de una verdad la defendía tenazmente. Eso no quiere decir que no se equivocase, pero hasta en estas ocasiones él estaba íntimamente convencido de sus afirmaciones.

Campeonatos del mundo

Año: 1908
Ciudad: Düsseldorf y Múnich (Alemania)
Contrincantes: Lasker contra Tarrasch
Resultado: 10,5 - 5,5
Campeón: Lasker (8 ganadas, 3 perdidas, 5 tablas)

Frases célebres que se le atribuyen

«Siento una profunda pena por los que se van de este mundo sin haber conocido los deleites del ajedrez».

«Caballo en el borde, deshonor para el buen jugador».

«El ajedrez, como el amor, como la música, tiene el mágico poder de hacernos felices».

«Los peones son el alma de la posición».

«El ajedrez es una forma de producción intelectual que tiene su encanto peculiar. La producción intelectual es una de las grandes satisfacciones (si no la mayor) al alcance del hombre. No todos pueden componer una pieza musical inspirada o construir un puente; sin embargo, en el ajedrez todo el mundo es intelectualmente productivo y, por consiguiente, cada persona que lo practica puede experimentar una satisfacción. Siempre he sentido un poco de lástima hacia aquellas personas que no han conocido el ajedrez. Justamente lo mismo que siento por quien no ha sido embriagado por el amor. El ajedrez, como el amor, como la música, tiene a virtud de hacer feliz al hombre».

«Una situación embarazosa entraña en sí un poco de muerte».

«La genialidad consiste en saber transgredir las reglas en el momento oportuno».

«Al igual que Voltaire no podía escribir sin su gato al lado, yo no puedo jugar al ajedrez sin mi alfil rey».

«Si nunca mueves un peón, no perderás una sola partida».

«Si una pieza está mal, toda la partida estará mal».

«No todos pueden componer una pieza musical inspirada o construir un puente; sin embargo, en el Ajedrez todo el mundo es intelectualmente productivo».

«Lasker pierde de vez en cuando una partida, pero jamás pierde la cabeza».

«Los caballos están pobremente colocados en los flancos».


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