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El ajedrez no es un deporte

    Decir que el ajedrez no es un deporte parece una herejía, y más entre nosotros. A ningún ajedrecista le cabe la menor duda de que el ajedrez es un deporte, y que el parchís, o el mus, o el póquer, e incluso el bridge no lo son; pero ¿por qué estamos tan seguros? ¿qué es un deporte? Definir qué es un deporte es más difícil de lo que parece, quiero decir definirlo de manera objetiva de tal forma que cualquier actividad que tenga esas características sea un deporte y las que no lo tengan no lo sean. El problema es que a lo que se llama deporte es de naturaleza tan variada que se hace casi imposible encontrar puntos comunes. En esta, como en tantas otras cosas, se define lo que es el deporte teniendo in mente las características de un tipo de deporte en concreto, y normalmente el atletismo, la gimnasia y los deportes de equipo como el fútbol. Sin embargo hay otros deportes, que nadie dudaría de que son deportes, que no tienen las características de estos deportes.

    Veamos algunas definiciones de deporte. ¿Qué nos dice el diccionario de la RAE? Nos encontramos con dos definiciones. La primera afirma que el deporte es una recreación, pasatiempo, placer, diversión, o ejercicio físico, por lo común al aire libre. La segunda dice que el deporte es una actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas. Estas dos definiciones tienen limitaciones importantes. La primera hace referencia al deporte como ocio, como distracción, pero en mi opinión eso es precisamente lo que no es deporte. La segunda pone el acento sobre el ejercicio físico.

    El  barón de Coubertin consideraba deporte «el cultivo voluntario y habitual del ejercicio muscular, fundamentado en el deseo de progreso y susceptible de llegar al riesgo». Estamos ante la concepción de deporte como ejercicio físico. Él pensaba en el atletismo. Sin embargo las principales instituciones que organizan el deporte: el COI, las leyes del deporte de diferentes países, etc., no definen qué es deporte.

    Supongamos que yo todos los días nado en la piscina durante una hora. No me importa cuántos largos hago, ni si a mi lado hay otro nadador o no, ni cuánto tiempo tardo en hacer cada largo ¿estoy haciendo deporte? Claramente no, estoy haciendo ejercicio físico. Haría deporte si compitiera, o al menos si tuviera la intención de mejorar mis marcas. Así pues, por mucho ejercicio físico que se haga, si no hay competición o intención de mejorar no hay deporte. Yo puedo nadar sin hacer deporte, sin hacer natación, aunque hay quien hace natación como deporte, porque compite. Yo puedo andar (pasear) sin hacer deporte, sin hacer marcha.

    Existen muchos deportes, muchos que nadie dudaría de que son deportes, en los que el ejercicio físico es secundario: tiro con arco, tiro olímpico, golf, hípica (sobre todo las modalidades artísticas), motociclismo, automovilismo, etc. Estos son deportes en los que no se prima el ejercicio físico sino la destreza, la habilidad. No quiero decir que el deportista no tenga que estar en forma, pero una vez alcanzado un estado físico suficiente el estar en mejor forma que el de al lado no influye en el resultado. Así pues, el ejercicio físico no es condición suficiente para considerar una actividad como deporte. A parte de que existen muchas actividades que requieren mucho ejercicio físico que nadie considera deporte, como picar en la mina, o el toreo.

    Existe en la definición de la RAE un aspecto interesante: la práctica supone entrenamiento y sujeción a normas. Sí, podría considerarse que un deporte debe tener unas reglas, pero todos los juegos tienen normas, y no por ello son deporte. Por otro lado la mayoría de los juegos se pueden entrenar, sobre todo si nos vamos a dedicar profesionalmente a ellos, como el póquer. Tampoco debemos considerar que las normas sean universalmente reconocidas; de esta manera eliminaríamos a juegos como el tute, por que cuando se sientan a jugar dos parejas de distintas ciudades lo primero que hacen es determinar las reglas básicas; pero de esta forma eliminaríamos, también, a los deportes autóctonos, que no por ser locales son menos deporte. El bolo leonés, no por jugarse con media bola y sólo en ciertas zonas de León deja de ser un deporte, ya que tiene una clara competición y requiere un ejercicio físico mínimo; el mismo que se necesita para el golf, por ejemplo.

    Por último está el espinoso asunto de la competición, que también aparece en la definición de la RAE, pero resulta que hay muchos deportes, muchas actividades que todo el mundo considera deportes, que no tiene competición, como por ejemplo el alpinismo, el buceo, la espeleología, el puenting, el rafting, y otros modernos deportes de riesgo. Así pues, parece que la competición tampoco es criterio suficiente para considerar una actividad como deporte; quiero decir la competición objetiva, con marcas y puntos, porque está claro que si estas actividades se consideran deporte es porque hay unos retos que superar, aunque no estén reglados.

    Sin embargo, este sí parece ser un criterio clave, aunque no suficiente, para considerar a una actividad como deporte, no tanto la competición reglada como la superación objetiva de unas marcas, como el ascenso a determinadas cotas, la exploración de determinadas cuevas con grados de dificultad objetivo, la inmersión en determinadas condiciones, etc. Pero también hay competiciones de parchís y el tute, y a nadie se le ocurre pensar que el parchís y el tute sean un deporte. ¿Cuál es la diferencia? Yo creo que lo que impide hacer del parchís un deporte es la suerte.

    En mi opinión un deporte es toda actividad que requiere un esfuerzo para la superación objetiva, bien personal o ante un rival, conseguida sin el concurso imprescindible del azar. Así, el póquer no es un deporte porque tu juego depende de las cartas que te toquen, y el parchís de lo que te salga en los dados. Por supuesto, no porque que un jugador de baloncesto en el último segundo tire desde su campo, al buen tuntún, y meta, de chorra, una canasta, el baloncesto deja de ser una deporte; o que tu rival no vea el mate en una que te has dejado.

    El ajedrez tiene, sin duda alguna, estas características. Es más, la superación es intrínseca al ajedrez, y no al nadar, al correr o al saltar. En toda partida se intenta ganar a un rival, aunque se juegue por pasar en tiempo; y aunque, a la postre, el resultado no tenga mayor transcendencia. No cabe duda de que en el ajedrez puede haber una competición deportiva muy intensa, por más que para la mayoría de quien juega al ajedrez sólo sea un juego. A nadie le queda la menor dudad de que la destreza mental es esencial para jugar al ajedrez y para ganar una competición deportiva y que para adquirirla es necesario entrenar muy duro. Así entra en el conjunto de deportes de destreza sin la menor duda. Con aquellos deportes en los que alcanzada una determinada forma física la mejora no da ventaja en la competición.

    En definitiva, el ajedrez no es un deporte, y el fútbol tampoco. Sólo son juegos. El ajedrez, el fútbol, el atletismo y todos los demás se convierten en deportes cuando tal actividad implica una competición, o una superación de los propios retos.

Santiago Pastrana. 13 de junio del 2004



 
 
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