Publicado en la «Revista Internacional de ajedrez» nº 38, noviembre de 1990.
El Dr. Arpad Elo es el creador del sistema de su nombre, el sistema de evaluación deportiva más sofisticado y preciso que existe. El 24 de agosto pasó por Madrid con su esposa Ann, en visita turística. El Dr. Elo es un enamorado de España y el carácter español, algo que probablemente nosotros no entendamos. Si todos pensamos que tiene mucho que decir, él no lo cree en modo alguno.
Gracias a los buenos oficios de Joaquín Pérez de Arriaga y Javier Rodríguez Ibrán pudimos conocer al inventor del sistema de ratings FIDE. Cordial en extremo, el Dr. Elo a sus 86 años es elegante en su atuendo, preciso en su expresión: algo my difícil de encontrar...
—Usted
es húngaro. ¿Cuándo y dónde nació?
—Nací el
25 de agosto de 1903. Mañana cumplo 87 años ... El lugar,
un pequeño pueblo del que usted nunca ha oído hablar. Luego
se lo escribo (Egyházas Keszö).
—¿A
qué edad llegó a Estados Unidos?
—Tenía
nueve años. Mis padres era de origen campesino, los dos del mismo
pueblo en el que nací.
—¿Puede
contarnos a grandes rasgos su vida en Norteamérica?
—Bueno, nos instalamos
en un pueblo de Minneapolis. Más tarde nos mudamos cerca de Chicago,
donde cursé estudios de enseñanza media y luego Ciencias
Físicas, doctorándome en la Universidad de Chicago, en 1926.
A partir de aquí fui profesor de Física en las universidades
de Nebraska, Marquette y Wisconsin.
—¿Llegó
usted a ser un físico famoso?
—Digamos que no
era un desconocido. En un momento dado el Departamento de Defensa de los
Estados Unidos me confió responsabilidades de cierta importancia,
pero en fin, nada espectacular...
—¿Cómo
concibió usted el sistema de ratings que lleva su nombre?
—Fue en 1959.
La federación de Ajedrez de EE UU me encargó la elaboración
de un sistema de esas características. Trabajé en su diseño
y en 1960 estaba listo. Creo que gustó y no mucho después
la FIDE se interesó por aplicarlo en el contexto internacional.
o mismo fui responsable de la comisión encargada de aplicarlo. Trabajé
en la FIDE hasta 1986, como secretario de la Comisión de Cualificación.
—¿Cree
usted que el sistema Elo tiene fisuras?
—Todos los sistemas
basadas en métodos estadísticos o de probabilidades las tienen,
pero sinceramente, creo que mi sistema es muy sofisticado y garantiza las
cifras de resultado, por lo que podría aplicarse a otros deportes,
como el tenis, el golf, todos aquellos en los que un individuo se enfrenta
a otro, que en la actualidad emplean sistemas de evaluación más
arcaicos e inexactos.
—¿Sabe
usted que hay propuestas de Nunn y algunos otros para corregir el sistema?
—Sí. De
hecho redacté a petición de la FIDE un pequeño informe
acerca de esas sugerencias. Todo sistema es susceptible de mejoras, pero
en fin, generalmente las modificaciones que pueden proponerse a un sistema
con parámetros bien delimitados introducirían factores de
corrección que atentan al espíritu del sistema.
—La
conexión de los húngaros no Norteamérica...
—Hay, ciertamente,
muchos emigrantes húngaros en Estados Unidos. Conocimos no pocos
allí. A usted le interesará que jugué en 1926 contra
Maroczy en unas simultáneas que disputó en Chicago.
—Otro
húngaro, Arthur Koestler, también jugador de ajedrez, tenemos
entendido que a usted le gusta mucho leerlo.
—Sí, Koestler
era gran aficionado al ajedrez. Me gusta mucho obra y concretamente «La
tribu nº 13», es uno de mis libros de cabecera, ¡un libro
extraordinario!
—Pero,
¿cómo llegó usted al ajedrez: como organizador, como
directivo, como jugador?
—Como jugador:
yo era un gran aficionado al ajedrez, que tuve la fortuna de ganar en varias
ocasiones el campeonato de Wisconsin. Mi fuerza de juego, podríamos
decir que era aspirante a maestro. En términos Elo, algo así
como 2250 puntos.
El Dr. Elo es, además modesto. Ganó el Campeonato del Estados de Wisconsin en ocho ocasiones, y entre sus mejores resultados individuales se cuentan dos tablas con el GM Reuben Fine.
—¿Conocía
usted España?
—Visitamos España
hace quince años y nos encantó. El carácter español
es cordial, abierto, completamente distinto del resto de Europa, que se
parece más al norteamericano, en general. Nosotros valoramos y disfrutamos
de ese calor y de esa cordialidad.
—Y
usted es ciertamente vital a sus 87 años menos un día. ¿Cómo
hace para conseguirlo?
—Verá usted,
una gitana me auguró que viviría 102 años, por lo
que teniendo en cuenta que ellos barajan factores científicos para
su conocimiento de los hechos, estoy absolutamente convencido de que hasta
que los cumpla, no habrá problemas.
—¿Qué
cosas valora más de la vida?
—Pues mire, una
conversación cordial entre amigos. Disfruto de una buena comida,
en pequeñas cantidades, y de una copa de vino blanco, como ahora.
—«Créalo en todo», dice su esposa Annie: «Es un hombre maravilloso». Elo, con suave ironía, remacha: «A ella es a quien debe de creer usted. Siempre tiene razón».
De regreso al hotel, la plaza Picasso da pie para que su esposa nos informe de que Picasso y el cubismo no le gustan a Elo. El juego de la adivinanzas permite sugerir: «¿Acaso le gusta Rembrandt?» «Mi pintor preferido».
Un matrimonio encantador: simpatía, cordialidad, inteligencia. Les
deseamos la más agradable de las existencias. Queremos volver a
verlos.